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La Sierra Nevada de Santa Marta: el corazón del mundo

La Sierra Nevada de Santa Marta: el corazón del mundo

 

En búsqueda de lugares para caminar, en mi último viaje a Colombia, fui hasta donde se encuentran la montaña y el mar, el Parque Nacional Natural Tayrona, reserva natural de Colombia localizada en el Parque Nacional Natural Sierra Nevada de Santa Marta. La Sierra Nevada, un sistema montañoso aislado de la Cordillera de los Andes, se yergue a orillas del Mar Caribe hasta una altura de 5.775 metros sobre el nivel del mar.
“La Sierra es la cuna de los Tayrona, una civilización indígena monumental que existió en el país. Aún viven allí descendientes de esa cultura con alrededor de 70.000 indígenas de las etnias Kogui, Arhuaco, Kankuamo y Wiwa. Es la formación montañosa litoral más elevada del mundo, con dos picos de 5.775 m de altitud; el pico Cristóbal Colón y el pico Simón Bolívar. Por su variedad de ecosistemas, pisos térmicos junto al mar, su belleza singular y su riqueza histórica y cultural constituye un paraje único para visitar y fue declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 1979.”

Para los indígenas que la habitan, la Sierra Nevada es El corazón de la Tierra.

“Los líderes espirituales, o “mamas”, de los koguis de Colombia han protegido los lugares sagrados de este pueblo indígena desde hace siglos. Ellos, y sus vecinos los arhuacos y los arsarios, conservan los lugares, llevan a cabo rituales y mantienen la “Ley de la Madre” que rige el mundo. Su sistema de protección indígena es uno de los más complejos del mundo. Los pueblos de la Sierra Nevada de Santa Marta han sido masacrados desde los tiempos de la colonización hasta las recientes oleadas de combates entre las guerrillas, los paramilitares, los traficantes de droga y los colonos. A pesar de estos enormes problemas, los “mamas” continúan enseñando las costumbres de la Madre y protegiendo su montaña sagrada, a la que consideran el corazón del mundo.
En el lugar se encuentra una “Ciudad Perdida” que fue habitada entre los años 600 y 1800. En un texto de Josefina Calderón describe la vida de sus habitantes:
“Las puertas eran adornadas con caracoles colgados de hilos, los cuales, soplados por el viento producían un armonioso sonido. En sus trabajos los Tayrona acostumbraban estar casi desnudos. Pero cuando salían de sus faenas usaban trajes de telas firmes de algodón. Las mujeres, además de la falda, se echaban sobre la espalda una especie de chal o pañolón de tela blanca. Hombres y mujeres se adornaban con joyas de oro, penachos de plumas y mantas pintadas, adornadas con cristales de cuarzo, coralina, jaspe y otras piedras engarzadas en oro. Como no tenían rebaños, sino que vivían principalmente de vegetales y frutas, su vecindad al mar determinó para los Tayrona una alimentación a base de pescado, mientras que sus montañas les dieron cuantiosa cacería de venados y aves como paujiles, tórtolas y pavas. También el mar les suministraba la sal, no sólo para condimentar sus alimentos, sino para conservar el pescado seco, del cual hacían comercio con las tribus que les proveían de oro. Complementaban su nutrición con la miel de abejas, que supieron cultivar con gran esmero y en abundancia tal, que cierto soldado español contaba haber visto en tierras Tayronas hasta 8.000 colmenas. Los collares de oro y cuentas de piedras semipreciosas, sirvieron de elementos de trueque con otras culturas, inclusive con las de las tierras altas de Cundinamarca y Boyacá, de donde llegaron esmeraldas a la Sierra Nevada.”
Para llegar al Parque Nacional Tayrona se toma un bus desde la esquina del Mercado de Santa Marta que tiene un valor de 8.000 pesos colombianos ($2.50). El bus pasa por la puerta del Parque Nacional. La entrada al Parque cuesta 30.000 pesos colombianos ($9,30). Es recomendable llevar efectivo, porque una vez adentro, es necesario pagar otro transporte para llegar hasta los senderos y, muy importante, cubrir los servicios de un guía para las caminatas. Aunque es posible conseguir alimentos y bebidas en las tiendas cercanas a la entrada del Parque, es mejor llevar provisiones para pasar el día.
Los senderos y ciertos lugares estratégicos permiten, simplemente, entregarse al paisaje, maravillarse con cada rincón de esta fabulosa y sagrada Reserva Natural.
Algunas zonas alrededor del Parque tienen hoteles frente al mar que, entre cocoteros y el paisaje de las montañas, acompañan a las aguas del mar Caribe.
Para hospedarse cerca del Parque está el Tayrona Tented Lodge perteneciente a ECOHOTELS . Este lugar, que te recibe con agua de coco fresca por las mañanas, cuenta con un restaurante de comida local en donde preparan el menú dependiendo de las preferencias del turista y con paneles solares para proveerse de energía. Sus cómodas cabañas para dos personas, dispuestas frente al mar, están equipadas con baño privado. El valor, de 218.000 pesos colombianos diarios ($68), incluye desayuno, almuerzo, cena y una increíble vista a las estrellas fugaces mientras se es arrullado por el sonido del mar.
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Una experiencia local en República Santa Marta

Una experiencia local en República Santa Marta

De realismos mágicos y mágicos realismos. Siempre que llego a Colombia me preparo para aprender de su poderosa magia, esa que cautiva: un mix del paisaje, los sabores, los colores y la buena onda de su gente. Esta vez las coordenadas me dirigieron hacia el Caribe. Una casona colonial con olor a mar y cargada de texturas tropicales era el lugar perfecto para vivir una experiencia local y ver caer el sol con olor a café mientras las texturas de las palmeras se impregnaban sobre la fachada. Había llegado a República Hostel, el espacio perfecto para empezar mi viaje por la costa colombiana.

La Casa Alzamora que alberga al actual República es de arquitectura colonial, está ubicada en la calle De la Acequia con el Callejón del Cuartel esquina (calle 15 # 2-16) al frente del Parque Bolívar. Fue construída a finales del siglo XVII por Manuel Epalza de Hoyos. En la lugar el político Manuel Murillo Toro, quien fue dos veces presidente de Colombia, instaló una imprenta en 1947 donde publicó La Gaceta Mercantil; el primer periódico económico y comercial del país que en la década de 1850 llegó a tener agencias en el interior y en el exterior. La edificación funcionó también como sede de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Santa Marta. (Obtenido de: Información Municipal)

Todo pasa alrededor de la piscina. Varios viajeros descansan meciéndose en las hamacas de los corredores. El mosaico del piso, las sillas Acapulco y las plantas ambientan el lugar. El sitio está creado para vivir una experiencia local. No faltan las arepas con café en el desayuno, las clases de yoga y salsa con profesores de la ciudad y una cocina donde se puede preparar y compartir la comida con otros turistas. Su ubicación céntrica permite conocer los museos y la ciudad a pie. Respirar la ciudad y su caribeño realismo mágico.

Notas de viaje:

Valor por noche
Habitación compartida: 25 mil – 35 mil pesos colombianos (8.50 – 11 dólares americanos)
Habitación privada: 160 mil pesos colombianos (50 dólares americanos)

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Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Estefania Cardona, el espacio creado con amor

Graduada de Comunicación Corporativa, con una maestría en Marketing de Moda cursada en Barcelona, Estefanía Cardona o More, como la llaman sus amigos, se ha ido construyendo a lo largo de su trayectoria, de sus viajes, de su experiencia laboral. Amante de los cuadernos y las libretas es posiblemente la persona más cercana, con la letra más pequeña y ordenada, que conozco. En su casa han crecido las plantas, todo ha reverdecido. Luego de cuatro años compartiendo su amistad volví a retratar su espacio, a inmortalizar su tiempo.

Desde que inicié la documentación de talleres de artistas estuve en la búsqueda de espacios particulares que nos cuenten las dinámicas de la convivencia de las personas más allá del arte. Sigo abierto a conocer talleres de productores, bailarines, artistas performáticos, diseñadores. Lugares donde no necesariamente se encuentran “el óleo regado sobre las paletas y los lienzos sobre los caballetes”. Gracias a este proyecto he podido conocer más sobre el valor que las personas le ponen al habitar sus espacios. Por este y muchos otros motivos volví a la casa de Estefanía Cardona, creadora de Lifestylekiki, plataforma digital donde se gestan proyectos enfocados a la moda, el arte y la cultura.
A More, como le conocen sus amigos, le gusta resguardar las cosas hechas con valor y con tiempo. Reconoce tener una debilidad por los objetos que contienen una historia tras su creación. Su departamento ocupa la planta entera de un edificio, tiene entrada de luz, desde el amanecer, por el oriente, por el occidente un hermoso atardecer ilumina el área social y su dormitorio. En junio de 2016 fue la primera vez que llegué hasta su casa. Sentada desde la esquina del sillón miraba al sol caer tras el Pichincha. Desde ese entonces hasta ahora todo ha cambiado.
Las plantas han llegado a acompañar su camino. La hermosa Millonaria de hojas grandes que habita su cuarto es, según More, su primera compañía al despertar.
En su mesita de noche: amuletos y aceites hacen parte de su búsqueda espiritual. Para More uno de los valores primordiales cuando tiene visita en casa es la comodidad, entonces en la mesa de centro una vela encendida y un helado con galletas acompañaban la calurosa tarde.
Admiro su sensibilidad para escoger cada detalle. La sala del comedor y la cama fueron hechos por Pedro Calle. Las macetas de Isadora Soroche.Cojines de la India. Muebles de sus abuelos, heredados de la familia o encargados por amigos cercanos. La sala, el espejo, el puf verde y la lámpara fueron diseñados por @InsideDesign
SMLXL
Los demás objetos que le acompañan a diario son regalos especiales de amigos cercanos y recuerdos traídos de su último viaje por Asia, España y Chile.
More disfruta tener invitados en casa. El amor por su espacio, la potencia de su trabajo y sobre todo la idea constante de soñar nos han juntado en éste camino. Franca, creativa, sincera, a través del tiempo he podido conocerla. Las largas conversaciones nos han permitido tejer una hermosa red.
Sobre el escritorio, sus libretas. Plannings de proyectos como las “Noches de cine y moda” o las estrategias digitales para sus clientes son parte de la nueva More, al igual que los bocetos para intervenir revistas de moda.
El sol terminaba de ocultarse tras la montaña, las luces de la ciudad se encendían y la nueva More continúaba mirando el atardecer estándose: un verbo que ella ha adaptado para vivir sintiendo su respirar y con mira a sus objetivos.

 

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Empoderarse para crear

Empoderarse para crear

Camila Morejón rompe tabúes a partir de la normalización de los cuerpos, sobre todo de los femeninos. Aprender acerca de sus bordados es aprender a mirarse y a valorarse. La artista y diseñadora de espacios utiliza la herramienta de tejido para derribar el miedo y las culpas.

 

Los hilos de colores con los que había tejido las vaginas brillaban sobre el terciopelo de la capa negra que le cubría esa mañana. Los rizos de su cabello y las flores de su vestido contrastaban junto a las plantas. Caminaba segura entre los árboles que rodean su casa en la que vive más de un año y medio. Las telas se arrastraban sobre el césped, Camila (IG), artista plástica y directora de arte de 31 años, me invitó a pasar a su lugar de creación. Había llegado a su casa para desaprender sobre los tabúes impuestos por la sociedad hacia la vagina y aprender esta nueva historia inspirada en motivar a más mujeres hacia un conocimiento de su sexualidad y un empoderamiento de sus capacidades creadoras.

“Lo primero que hago cuando doy un taller es darles esto”. Tres espejos, conectados por un hilo, eran la herramienta que les serviría a las mujeres, que asisten a sus talleres, para explorarse y conocerse a profundidad sus cuerpos y con detenimiento contemplar sus vaginas.

“Hay veces que no saben dónde se encuentra el clítoris y es un aprendizaje de conocernos desde cero, anatomía”- decía Cami. Antes de continuar mostrándome su trabajo, me invitó a tomar un café. En el jardín, unos hilos amarillos habían sido tejidos por la artista para el altar del día de su boda. En el segundo piso, sobre su taller, el área social de su casa preserva objetos especiales.

La lámpara que perteneció a su madre y padre decora una de las esquinas. Muebles de sus abuelos y regalos de matrimonio ocupan las paredes del lugar como Nuestra Señora de los Favores, de Gisella Iturralde, que -en una posición infinita- carga en un par de baldes los interminables favores para sus feligreses. Sobre una fotografía panorámica del Altar de Andrés López estaba la obra ‘Lo que le pasa a una, nos pasa a todas’.

 

 

Un conjunto de vaginas hechas en cerámica presentada en la muestra Mujeres Difíciles con luces que se activaban al momento de apoyar una pistola sobre los sensores. Su aro de matrimonio, inspirado en las formas de la arena, las conchas y el ir y venir de la marea confirmaban de su amor por el poder del mar.

 

 

En su casa tiene un altar que, compuesto por hermosas piedras, transmiten su confianza hacia la creación. “El mar es sanador”, sonreímos con esa conclusión.
Mientras tomaba sorbos de un café amargo, la artista me contaba sobre los motivos que le llevaron a dejar su trabajo de publicidad. “Me sentía como el Cotopaxi” me dijo. Haciendo referencia a su malestar cuando tuvo que tomar pastillas para calmar sus dolores de una lesión de la espalda y el hombro. Su dolor fue tal, que también lo inmortalizó en una serie de dibujos.

 

 

 

En su taller, me mostró su primer bordado. Tejer siempre ha estado en los momentos importantes de su vida. En el vestido de su boda y en todos los días que junta los hilos para crear formas. “Nunca aprendí con tutoriales, siempre probé y me di las maneras de inventarme mis propios puntos”.
Me contó que siempre trabajó con fibras y también ha probado tejer con las manos. Sin embargo, me decía que juntar el terciopelo con los bordados más los detalles de mullos, da como resultado telas decoradas para sentirse como una reina, según la artista.

“Yo veo esto y pienso en un pavo real” dijo. “Un día me levanté y dije quiero hacer ropa increíble para mujer” ahí aprendió a hacer patronaje, en adelante tiene la premisa de que todo lo que hace lo piensa como si fuera hecho para ella.

 

 

 

Sus proyectos se han ido tejiendo entre ellos. Las vulvas bordadas, por ejemplo, es un viaje de introspección personal y de entender los procesos de cada persona que le pide a la artista un bastidor con una vulva de colores. Es una conversación cercana con quienes le solicitan. La artista, junto al cliente, elige los tres colores en una especie de entrevista de manera casi visceral. Al final del proceso, la artista les pide a los dueños de la obra ponerle un nombre a su vulva y así concluye el proceso con sentido. Camila me contaba que su obra busca provocar para hablar.
“Cuando yo era chiquita, una profesora nos dijo que la masturbación era normal. Y en mi casa pensaban diferente entonces crecí con una traba mental’.

 

 

Los ‘Vulva Workshop’ de Camila son un espacio para normalizar los cuerpos, es un sitio para aprender a mirarse y a valorarse. Es un lugar de sanación en el que los círculos de mujeres y hombres comparten sus experiencias para naturalizar y derribar el miedo y las culpas. “Porque la gente muchas veces no puede decir ni siquiera la palabra vulva”. Los atrapasueños volaban con el aire de medio día. Noctura y Saltashpa, sus mascotas, nos acompañaban a ver las plantas que Cami tenía en la entrada de su taller. Paseamos un rato más por el jardín era el final del viaje. En todos los mensajes entendí lo importante de conectarse con lo que se crea.

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Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

Natalia Espinosa y el maravilloso Perro de Loza

La artista en su taller, acompañada de su mascota, restauraba una plomada parte de su última muestra sobre la memoria de los espacios demolidos. El Perro de Loza ya es un referente del arte en Quito.

A la artista ecuatoriana Natalia Espinosa la cerámica le sirve para expresarse y hablar. En su última muestra ‘Esto será demolido’, presentada en noviembre pasado, en la Galería N24, su mensaje recaía sobre la memoria. Era un gesto simbólico a varias casonas construidas entre los años 1950 y 1970, que no cuentan con una protección legal y que por el crecimiento de la ciudad están siendo demolidas.

 

 

Ya son más de tres años desde la primera vez que llegué a su taller. El Perro de Loza, su espacio de producción, ha crecido al igual que sus plantas. Un hermoso jardín de enredaderas es el abrebocas del lugar. El túnel de plantas invita al jardín posterior de la casona ubicada en el barrio La Floresta, lugar seleccionado por la artista para producir y crecer. Esa mañana la encontré arreglando un detalle en una plomada cilíndrica que era parte de las piezas de su última muestra. Los elementos arquitetónicos y los patrones con los que está trabajando Natalia me llevaron a conectar aun más con su obra. Sobre una de las gradas, a manera decorativa y entre las plantas un bloque calado había sido rescatado. Antes de sentarnos en una de las mesas del jardín preparó un café. Mientras lo preparaba me indicó parte de su taller, que también funciona como galería. Es imposible no maravillarse con cada detalle de todo el trabajo que este tiempo ha venido construyendo. A más de todas sus piezas de cerámica un par de móviles volaban por los aires.

Natalia formó parte de la primera generación de arte de la Universidad Católica. Continuó su formación en el departamento de cerámica en Gerrit Rietvelt Academie de Amsterdam. Tiene un masterado en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina.
En su taller el horno es un elemento importante. El fuego tiene la última palabra, tanto en el bizcocho como en el acabado final. Su continuo contacto con los otros elementos como la tierra y el agua y su sensibilidad para crear con el viento hacen que el trabajo de Natalia contenga mucha carga energética. En su vida diaria plantar y nadar son dos de sus prácticas favoritas.

En su taller un cactus gigante crece en una de sus macetas de formas y patrones. En una de las esquinas un sapo al acecho, un conejo en pleno salto y un cerdo vago cuelgan del techo. Todo esto sólo pasa en el mundo de Natalia Espinosa, del Perro de Loza.

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Canela perdió el miedo

Canela perdió el miedo

La casa de Canela Samaniego se parece a un cubo blanco incrustado en la montaña resguardado por un bosque de eucaliptos. La construcción, emplazada en una ladera y concebida en un comienzo como cisterna fue, para su mamá, el hogar de soltera y, para Canela, lugar donde vivió de niña.

Al llegar me recibió escoltada de su perro “Che Factura”. El techo, que también funciona como parqueadero, tiene una vista panorámica hacia la ciudad. Unas gradas adornadas con hermosas plantas nos llevaron al ingreso de la casa de Canela. “Mis abuelos son argentinos, ellos emigraron en los setentas a Ecuador por la dictadura. Compraron una montaña cuando el barrio estaba poco poblado. Era un monte.

Lo primero que hicieron fue esto, era una cisterna”. La cisterna, poco tiempo después, se convirtió en el primer hogar de su madre a los 18 años, después fue el taller de su tía y luego fue alquilado por un tiempo. Ahora en el lugar viven Canela y Óscar, su pareja. Juntos rehabilitaron este espacio antes de viajar a Buenos Aires en 2013. El lugar lo comparten con Otto, un gato negro adoptado y Factura el perro que me recibió minutos antes. Mientras Otto jugaba con la correa de mi maleta, Canela preparaba un café, la luz entraba por la ventana y caía sobre las orquídeas florecidas.

Es arquitecta de profesión. Además de trabajar en la gestión para laBienal de Arquitecturaa Canela le gusta dibujar. Recientemente terminó un curso introductorio de novela gráfica en el Benjamín Carrión y actualmente está finalizando su primera residencia artística en Puerto Rico – Manabí, que trata sobre arte, comunidad, género e identidad. También se encuentra planeando una exposición en Ibarra y otra en Quito.
Su acercamiento con el dibujo fue en Buenos Aires, allí estudió en institutos y escuelas, luego se conectó con varios ilustradores y maestros quienes le enseñaron nuevas técnicas. En este proceso también se vinculó con un grupo de arquitectura popular: Habitar, que trabaja sobre la problemática del hábitat en contextos de desigualdad.
Al regresar a Ecuador forma parte del colectivo Licuadora Gestora. Y trabajó para gestar la Comuna Serigráfica. A la par y con el objetivo de superar el miedo, Canela emprende @canelasinmiedo, proyecto que tiene como motor principal “abrir el melón”. Desnudarse. Mostrar. Según la artista, a través de mucha terapia y bastante dolor, pudo superar éste proceso y actualmente se encuentra con ganas de compartir lo que hace.
“Ando como gitana con mi carpeta y mis lápices” – me decía mientras me mostraba sus ilustraciones, algunas con temática de género y otras cargadas de magia, como el hechizo que le había hecho a su hermano. Para Canela en el proceso de dibujar existe la opción de convencerse y reconocer las capacidades femeninas y sus poderes, por eso creó para él un dibujo de protección y con ello un lazo de relación íntima, única y real.

A mediano plazo existen planes de crecer. Junto a Óscar, su pareja, a quién lo conocí en su pichirilo retratado por Pedro Vásconez, construirán otra habitación con el fin de vivir en un espacio más cómodo junto a Otto y Factura, en medio del bosque y pegaditos a la montaña.

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Una verdad que incomoda. Conmigo: un performance sobre la contaminación

‘La cosa esta en no fundirse. Seguir luchando pero que no te afecte. En algún momento todo esto explotará y como todos somos materia nos volveremos nada’

– me decía. Sofía Barriga días después de presentar su obra individual Conmigo. Una muestra de danza-performance cargada de profundos momentos de improvisación acompañada de la música original de Joanne Vance.

Había caído la noche y las luces de los autos hacían reflejo con las gotas de lluvia del parabrisas y el asfalto. Las primeras lluvias de invierno parecerían limpiarnos a todos. El encuentro era en ISPADE un instituto técnico que funciona en un edificio construído frente al parque El Ejido, cerca de las torres de Ovidio Wappestein. Formalista y con sus líneas rectas. Era el lugar donde Sofía daría su primer solo, de una hora de duración como bailarína en el marco de los fondos de ayuda para espacios esénicos: Iberescena 2018. El show estaba a punto de empezar. Sofía junto a su equipo: Paula Proaño, Sebastián Iturralde, Garbriel Arroyo y Xavier Palma repasaban la obra completa y ponían a punto el auditorio para recibir al público. Ella con movimientos enérgicos conectaba todos los hilos de la historia.

La música estaba lista. El arnés que le llevaría al espacio también fue probado antes de la hora indicada. Era tiempo de empezar. Las luces se apagaron para recibir al público. Un público dispuesto.
– Quería sentirlos cerca –
Sofía ubicó cojines donde se desarrollaría la obra para tener contacto con su público y así poder interactuar. Su performance estaba compuesto de una sucesión de escenas de transformación de un personaje que transita por la contemporaneidad.

La luz no me permita registrar su cuerpo. Su esqueleto parecía salir del suelo. Como una semilla. Su espalda crecía desde el piso. El movimiento creaba formas que había imaginado. Cercanas a las del tronco de un árbol o al de una oruga intentando salir de su capullo. O a las olas del mar, o al espiral. Esta primera parte fue una obra de Tamia Guayasamin que se llamaba: El Principio. Un trabajo que había presentado en Brasil hace 10 años. Estaba basado en el estudio del movimiento de la espalda, el respirar y también el ser piedra. ‘Es una obra que esta tan fuerte en mí, que fue perfecto para iniciar la historia’
Las gotas de lluvia caían sobre el techo y creaban una atmósfera intima entre un público concentrado y una bailarina en proceso. El siguiente solo improvisado, luego del nacimiento, era una interpretación del limpiarse. A través de una cercana interacción con una bañera Sofía parecía prepararse para la vida y el mundo real.

‘Me acuerdo cuando vimos American Beauty, yo tenía unos 15 años.
– ¡Que verga que son las bolsas, que hermosa que era esa obra! Para mi es eso: hablar todo lo que quiero decir’.
– El traje amarillo lo hice para sentirme como una mandarina en una red –
Días antes había visto a Sofía en una muestra y tuvo que salir rápidamente porque tenía que coser sus trajes. La red que le servía a la artista para agrupar su basura, era parte de una nueva piel.

La obra trabaja con la relación del cuerpo como espacio habitado y como generador de diferentes capas: piel de memoria, hábitat tierra, piel de plástico, hábitat ciudad, piel luz y hábitat espacio.

Con movimientos mecánicos Sofía abría las bolsas de platos y vasos desechables. Los colocaba por todo el piso del auditorio. Los ‘solos’ improvisados estaban ligados al tiempo de la música original de Vance.

Varias bolsas de platos y vasos se expandían por todo el lugar, Sofía levitaba entre ellos. ‘Creo que es esto de la contaminación si le afecta a la gente, por eso lo quería hacer más descriptivo, porque me interesa llegar a lo más adentro, a la célula. No crear un mensaje desechable’.

El tiempo de las escenas se desarrollaban hasta que Sofía lograba transmitir el mensaje, o terminaba de recolectar todos los desechos.

La artista giraba enérgicamente sobre los platos y su ansiedad perturbadora, al seguir generando basura sin fin, lo transmitía acercándose al público para botar pedazos de plástico desde el aire.

Estaba habitada por la ciudad. La sonoridad se acercaba más a lo cotidiano. Una cinta de plástico le servía a Sofía para crear más caos.

El plástico y su ubicación creaban líneas que conectaban al público de la muestra: los aprisionaba y los relacionaba. Era como una instalación viva sobre el espacio.

Ese lugar era el nuevo hábitat del monstruo de Sofía: el gran gusano negro que aparecía antes de la explosión y del fin del tiempo.

Un plástico de varios metros de largo formaban el gran hoyo negro.

Ejemplo De Entrada Con Video

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Ejemplo de Entrada con Imagen

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He was an old man who fished alone in a skiff in the Gulf Stream and he had gone eighty-four days now without taking a fish. In the first forty days a boy had been with him. But after forty days without a fish the boy’s parents had told him that the old man was now definitely and finally salao…